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Geüpload 10 juli 2018

Uitgevoerd juli 2018

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nabij Kosta, País Vasco (España)

El track va ahora modificado, con la mayoría de las fotos editadas por el profesor de fotografia Jesús Mari Guiroy, con una mejoría notable del reportaje, agradeciéndote los tres “voladores” por el tiempo y trabajo que te habrá llevado.
LA COSTA GUIPUZCOANA desde el AIRE
Jesús Mª Alquézar
La costa guipuzcoana es un litoral protegido dentro de la Red Europa 2000.
Su atractivo es indiscutible. Es una abrupta y espectacular costa, donde contrastan por tierra los verdes de las praderas, viñedos y el arbolado que la conforman con abruptos y escarpados acantilados, donde se desarrollan espectaculares geoformas, que descienden hasta el intenso mar, con los colores del cielo y el océano.

Todo este escenario natural está salpicado, en sus cercanías por numerosas localidades que conforman la linea marítimo terrestre, desde la desembocadura del Bidasoa (Hondarribia) hasta Mutriku.

Los macizos litorales propiamente dichos son los de Jaizkibel, Ulia, Igeldo, Zarautz y el espectacular geoparque de la Costa Vasca, el Zumaia-Deba-Mutriku con los afamados Flysch blancos y negros.

Entre ambos, se desarrollan las desembocaduras de importantes ríos vascos. Desde el Bidasoa hasta el Deba pasando por el Oiartzun, Urumea, Oria y Urola que forman originales desembocaduras o estuarios, como límites de los espacios representativos.

Este pequeño Atlas lo hemos recorrido a pie, por sus estrechos senderos y ensenadas, por barco a pie de los farallones en mini cruceros y finalmente por aire, volando con la compañía EASO Flyers. Era nuestra asignatura pendiente, ahora ya completada para conocer y contentar nuestra pasión por los litorales de todo el mundo, aunque especialmente el nuestro, el guipuzcoano, que tantas satisfacciones nos ha ofrecido a lo largo de nuestra dilatada vida montañera, creándonos ilusión y mejorando nuestra existencia cotidiana.

La ruta diseñada por la avioneta, que despegó desde el aeropuerto de Hondarribia y se dirigió por el Sur de la barrera del Jaizkibel, dominando, a una altura de algo menos de los 500 m, y a 200 km/h, el corredor de Oarso aldea, hacia el occidente. Tomando la vía del valle de Oiartzun, entre Aiako Harria/Peña de Aia y Jaizkibel, se acercó a la capital de Gipuzkoa, Donostia, sobre los afortunados acantilados del monte Ulia reconociendo desde las lejanías y cercanías todas los accidentes orográficos que son referencia y cuya cita sería interminable. Y así, por la desembocadura del Urumea, la avioneta ha recorrido la bahía de la Concha y tras dar una vuelta completa sobre la ciudad, surcar la costa del monte Mendizorrotz-Igeldo. Y después el río Oria para controlar los contrastes de Zarautz y Getaria con su singular monte San Antón hasta la desembocadura del Urola, ya en Zumaia, tras la confluencia del Narrondo donde volamos y dominamos las paredes del Flysch con sus retorcidas geoformas.

Y toca regresar, sobre el azul verdoso mar Cantábrico, para repasar nuevamente, desde otro ángulo, las laderas norte de los montes Igeldo, Ulia y especialmente Jaizkibel, que en su interior guarda delicadas joyas naturales, que han estado amenazadas de desaparecer. Ulia y Jazikibel, aunque vistos desde la altura parecen maquetas, no dejan indiferente a nadie que las contemple con esta fórmula, la de vuelo a baja altura. Son en la actualidad espacios designados Zonas especiales de conservación (ZEC) y dentro de la Red Europa 2000, verdaderos paraísos y museos vivos y naturales al aire libre con una biodiversidad y geodiversidad emergida y sumergida afortunadamente y ahora totalmente reconocidos y que tiene que protegerse íntegramente, por tierra y mar. Un mosaico de valles colgados, escarpaduras y rasas mareales en el menú degustación.

Tras la bahía de Txingudi, el avión nos ha ofrecido, ya a más baja altura y antes de aterrizar, un panorama de la gran playa de Hondarrraitz de Hendaia con toda la cornisa de Lapurdi destacando el símbolo de las “dumbas” (zabala y luzea) “Les deux jumeaux”, y el Chateau d´Abadie, cerrando el horizonte.

Casi detenido en el aire, el avión suavemente pisa la llanura del aterrizaje, tras 50 minutos de inolvidable vuelo de 125 kms, en un viaje desde Hondarribia a Zumaia y regreso, que nos ha permitido descubrir los tesoros naturales de la llamada formación geológica Jaizkibel desde el cielo. Con las impactantes imágenes obtenidas, que son el complemento a todas nuestras colecciones fotográficas a pie y en barco, este viaje nos ha hecho aún más especialistas del litoral guipuzcoano.

Experiencia realizada por Javier Michelena, Carlos Pérez Olozaga y Jesús Mª Alquézar.

NOTA:
Para un buen reportaje fotográfico, somos conscientes de la limitación de nuestras cámaras, a lo que habría que añadir las nubes y nieblas sobre el litoral, estado de marea alta para poder apreciar mejor el flysch Zumaia-Deba, y las condiciones en las que vuelas: poco espacio, ventanales, alas de la avioneta, vibraciones…pero bueno, son fotos con un gran valor sentimental para nosotros tres, que esperamos gusten y sirvan a los lectores para hacerse una idea de esta maravillosa experiencia que hemos vivido volando por lugares tan conocidos de esta bella costa guipuzcoana, tantas veces “pateada” por nosotros hasta sus más recónditos recovecos.
A continuación se presenta el Doarama vuelo” realizado por Josifano
y el video vuelo costa guipuzcoana por Santi-Suharotz, a los que los tres voladores les estamos sumamente agradecidos.

7 commentaren

  • mnarbona 14-jul-2018

    No sabía que la bicis eléctricas vuelan también!

  • Foto van Carlos Pérez Olozaga

    Carlos Pérez Olozaga 14-jul-2018

    Aún no Manolo pero “tiempo al tiempo” que en ello andamos y todo llegará, jeje.
    Añadir dos detalles que se me olvidaron comentar en la NOTA:
    - Que nuestro feliz vuelo fue propuesto y organizado por MARIJO Villalba, la entusiasta profesora titulada de NORDIC WALKING del Vasco de Camping y NW “Donostia Urban” y guia acompañante de numerosas salidas colectivas por el litoral...
    -Y que habiendo medido anteriormente el grado de polución por tierra y mar, me faltaba hacerlo por aire. Así que me llevé el medidor de partículas finas PM2.5 (muy dañinas para la salud) con el que no tuve problemas para pasar el control de seguridad del aeropuerto, tras la correspondiente explicación de lo que pretendiamos hacer (tuvimos que dejar hasta una navaja que iba en una de las mochilas).
    Los resultados de la calidad del aire en el interior de la cabina fueron muy satisfactorios, completando así la exitosa e inigualable travesía aérea, luego ya en tierra, sin vibraciones ni nervios, como “BON VIVANTS” (que todo no va a ser siempre sudar, sudar y más sudar...también hay que hidratarse, para compensar tanta pérdida de líquidos, jeje) nos fuimos caminando a tomar un txakoli a la Alameda hondarribitarra y, previo encargo en el afamado restaurante Manolo de Amute, lo celebramos con buenos productos castellanos: ibéricos de calidad y un cabrito asado extraordinario, todo regado con abundante y buen clarete navarro, y a muy buen precio, como bien se lo merecian, pienso modestamente, estos tres veteranos exploradores de “POR TIERRA, MAR Y AIRE”.

  • mnarbona 14-jul-2018

    Il fait tout, ce Charly!
    Marche à pied, à vélo, vol en avion...

  • mnarbona 14-jul-2018

    Vues superbes (sans pollution)

  • mnarbona 14-jul-2018

    Manolo de Amute. Je prends note du resto pour la prochaine fois.

  • Foto van Carlos Pérez Olozaga

    Carlos Pérez Olozaga 14-jul-2018

    C'est un classique de toujours, hautement recommandé

  • Foto van Carlos Pérez Olozaga

    Carlos Pérez Olozaga 24-jul-2018

    Para la edición del 90% del centenar de fotos del reportaje, hemos contado, a través de Jesús Mari Alquézar, con la colaboración desinteresada de Jesús Mari Guiroy, ilustre profesor de fotografía e “Insignia de Oro” de la Sociedad Fotográfica de Gipuzkoa.
    La mejora de las fotos ha sido notable, teniendo en cuenta la opacidad del cristal de los ventanales de la avioneta y de la calima ambiental que nos acompañó durante el vuelo.
    Muy bueno y generoso trabajo el tuyo Jesús Mari, por lo que los tres amigos “voladores” (tu tocayo, Javier y yo) te estamos sumamente agradecidos.
    Un cordial saludo