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Geüpload 31 mei 2019

Uitgevoerd mei 2019

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nabij El Mojón, Valencia (España)

Accedemos desde la Autopista de la Mediterránia, por la salida 774 San Pedro del Pinatar y Pilar de la Horadada, en la primera rotonda, seguimos dirección Lopagán, en la segunda hacia el Mojón, a su entrada por la izquierda seguimos las indicaciones a la Torre de La Horadada para aparcar junto a la rambla ( 37°51'26.29"N 0°45'51.43"W).

Pedaleamos rambla arriba por la Senda del Pilar, giramos a la izquierda junto a la Autopista de la Mediterránia, transitamos paralelos a la misma un trecho; la estrecha carretera de la Capellanía nos deja en una bodega, por la derecha a la rotonda, donde seguir por carril bici desde Los Imbernones al Molino de Quintín en San Pedro del Pinatar; del Molino Quintín y Playa de la Mota, que separa las salinas del Mar Menor, pedaleamos por una estrecha barra de tierra sometida con masiva afluencia de visitantes, debido a la proximidad de áreas urbanizadas y a su ubicación junto a la zona de "baños de lodo". El lodo es sacado del fondo de la charca; tiene un color gris oscuro y consistencia cremosa, se frota por las diversas partes del cuerpo y una vez seco hay que bañarse en la charca salada. Se ha demostrado su eficacia en personas que sufren dolores crónicos y para diversas enfermedades cutáneas.

Es frecuente ver espumas cargadas con partículas de sal, sobretodo en días de viento en el camino al Molino de la Calcetera (o Ezequiela); llegamos a Puntas de Algas concretamente en Los Escull; ubicado en la zona de las Encañizadas -Son cañas clavadas al fondo, en forma de laberinto donde los peces se quedan atrapados-. Las encañizadas de la Torre y el Ventorrillo, tienen cada una un edificio de dos plantas para auxiliar las labores de pesca y albergar al personal (de acceso con embarcación).

Retrocedemos un tramo para seguir un paso arenoso por el cordón dunar, va sorteando charcas y bordeando las salinas, las gaviotas intentan echarnos de su zona de anidamiento, volando bajo nuestras cabezas y emitiendo graznidos estridentes.
Atravesamos el saladar con vegetación esteparia, un suelo cargado de sales, que además se encharca durante una parte del año y nos obliga a marchar con cuidado. En verano, al evaporarse el agua del suelo, las sales son arrastradas hasta la superficie, donde son depositadas formando la típica costra salina blanca.

El Parque Regional de los Arenales y Salinas de San Pedro del Pinatar, un espacio protegido de la Región de Murcia, es un humedal con arenales, un puerto y unas salinas en explotación situado en la parte norte del Mar Menor. En el parque se pueden encontrar diversos ecosistemas locales: estanques salineros, pinar, carrizal, saladar, dunas y golas o encañizadas. En 1998 fue designado como ZEPA y es Lugar de Importancia Comunitaria, formando parte de la Red Natura 2000.

Tras empujar la bici en algunos tramos arenosos, salimos junto a la alambrada de las Casas de Cotorrillo en ruinas, junto a las Salinas de Coterillo; en el siglo XVIII se construye un muelle de la sal, en 1879 la sal deja de ser monopolio del Estado y salen a la venta, en 1880 el empresario gallego Manuel García Coterillo las compra (salinas de Coterillo). En 1905 una Mancomunidad las adquiere y amplía sus instalaciones, construyendo los dos molinos de viento: el de Quintín y el de la Calcetera (o Ezequiela), así como el camino que los comunicaba. Desde 1920 la compañía mallorquina Salinera Española S.A. es la actual propietaria.

El carril bici pasa frente al Centro de Visitantes las Salinas, circunvalando parte de las charcas salineras; la vegetación sumergida está compuesta por tapetes de cianofíceas, por bacterias y algas unicelulares como la Dunaliella, responsable del color rojizo del agua. A la Dunaliella salina se la conoce por su actividad antioxidante, usada en cosméticos y en suplementos nutricionales como productora de beta-caroteno.

Llegados al aparcamiento de El Salero, cruzamos primero la carretera y giramos por la derecha hacia la Playa de La Torre Derribada, rodando encima de los tableros de acceso; la escasa fertilidad de los suelos arenosos, las pequeñas gotas de agua cargadas de sal y arrastradas por el viento, hacen solo posible la adaptación de las plantas halófitas, bien por su tolerancia o excretando el exceso de sal. Los pinos carrascos se muestran tumbados por este motivo.

Torcemos a la izquierda pasado el primer tramo de la pasarela sin llegar a la playa; las dunas y arenales costeros están delimitados con barreras y vallas, para no salirse de los recorridos disponibles, habiéndose cerrado el paso por la pista, desde El Mojón al observatorio de aves de la Charca del Coterillo, situados en la Torre del Coto (observatorio); comprobamos por enésima vez, que las aves acuáticas del Charco de Coterillo (única zona de las salinas que no se dedica a la producción de sal), si las hay, están siempre muy alejadas del observatorio.

De vuelta al aparcamiento de El Salero, cruzamos otra vez la carretera, sin paso de cebra, para continuar el carril bici hasta la rotonda; nos unimos al sendero del otro margen, cruzamos el puente sobre el canal perimetral que protege las Salinas y cogemos la Senda de los Tarays hasta el Mojón; un cartel nos recuerda que el taray, además de usarse en la antigua Persia para hacer varitas mágicas, tiene la peculiaridad de excretar por sus hojas el exceso de sal.

En el kiosco bar nos tomamos un aperitivo, antes de continuar por el corto paseo marítimo de El Mojón; dependiente del término municipal de Pilar de la Horadada (Alicante), mientras la otra parte de la localidad pertenece a San Pedro del Pinatar (Región de Murcia); nuestra sorpresa al encontrar el paseo de madera (por donde ahora mismo no pasa nadie) que lo une con la Torre de la Horadada, está prohibido a las bicis, nos obligan a circular por la ciclo calle (por donde si pasan coches), encima cuando aparece un carril bici hacia el paseo, tiene 25 metros y acaba junto al cartel de prohibición; una chica que iba en bici delante nuestro, me dice que no se le hace mucho caso, pero seremos legales y nos volveremos por la ciclo calle al cercano coche, eso sí mascullando en hebreo.

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