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nabij Orus, Midi-Pyrénées (France)

RUTA REALIZADA EL 22/022014
CÓMO LLEGAR: Desde Tarascon dirección Niaux, llegar a Vicdessos, continuar por la carreterita de montaña hasta Orus. En la placita del pueblo suele haber sitio para aparcar.
ITINERARIO: ORUS / SUC / SENTENAC / ORUS / ILLIER / ORUS.
COMPONENTES: VICENTE Y SUSI.
RECORRIDO: LINEAL, IDA Y VUELTA
AGUA EN RUTA: SI. (En todos los pueblos)
DISTANCIA: 16,430 KM.
TIEMPO: 05:10 HORAS.
ALTURA MÁXIMA: 1.051 M. (Torre eléctrica)
ALTURA MÍNIMA: 810 M. (Illier)
DESNIVEL POSITIVO: 460 M.
DESNIVEL NEGATIVO: 475 M.
DIFICULTAD: MODERADA.
LA RUTA: Esta vez las previsiones no han fallado. Después de un contundente desayuno salimos a la calle, hace un día fresco, despejado y con un sol radiante. En las montañas cercanas vemos más nieve que el primer día, se notan los copos caídos ayer.
Nos vamos a la oficina de turismo de Vicdessos a comprobar el parte meteorológico y nos dicen que ha nevado mucho, pero desaconsejan subir por el GR-10 hasta el lago porque hay muchas posibilidades de que haya hielo. Insisten con la ruta de las aldeas puesto que están todas en la solana y hace un día precioso.
Está claro, a Orus. Hoy, sin lluvia ni copos de nieve, la estrecha pista asfaltada nos parece más ancha y no nos cruzamos con nadie en sentido contrario. La aldea tiene otro aire, hay coches aparcados en la plazoleta y niños jugando. Al no haber nubes, las vistas a las montañas nevadas son impresionantes.
Iniciamos desde la fuente en dirección a Suc y Sentenac, cuando volvamos podemos continuar hasta Iller, y regresar de nuevo a Orus. Cerca de una huerta hay una joven platicando con un hombre mayor y un caballo pace atado por una pata.
La herbosa senda que surca la ladera entra en el Parc Naturel Regional Pyrénées Ariégeoises, al frente y por la izquierda tenemos la agradable visión de las grandes montañas nevadas que nos acompañarán durante casi todo el recorrido.
Llegamos a un umbroso recodo por el que descendemos un poco para salvar una torrentera y remontar de nuevo por la otra ladera. Las chorreras de agua cruzan la senda formando pequeñas cataratas que se precipitan hasta el fondo del barranco.
La vegetación es caducifolia mayormente y compuesta de abedules jóvenes y espigados que forman una bonita maraña de largos palos, muchos de ellos invadidos por las hiedras que se enroscan a sus troncos. Los pequeños torrentes siguen surcando la senda.
Salimos de la umbría y el sol hace que nos aliviemos de alguna ropa. Al avanzar tenemos más cerca las montañas nevadas que emiten blancos reflejos. Hacia el otro lado, la aldea de Orus se va quedando atrás y otras montañas nevadas aparecen en el fondo.
Comienza un prolongado y suave descenso que parece formar un pasillo entre las montañas; en la ladera aparecen diseminadas algunas sabinas y el boj toma posesión del terreno. A nuestros pies vemos la población de Vicdessos y las estampas nevadas son sublimes.
El hilo de senda fijado a la falda de la montaña, la rodea gradualmente hasta entrar en un nuevo y cerrado valle. Ante nuestros ojos asoman las aldeas de Sentenac y Suc, pegadas, una tras otra, y como no, los Pyrénées Ariégeoises nevados.
Antes de entrar en Sentenac, vemos unos hitos que por la derecha marcan un nuevo sendero que se eleva. Parece que sortea esta primera aldea y se dirige a Suc, con lo cual podemos hacer un pequeño círculo al regreso. Luego comprobamos que se eleva demasiado en dirección a las montañas; por un ramal lo dejamos y bajamos a la carretera junto al río, a unos cientos de metros de Suc.
La aldea está solitaria, y nos recibe una placa de granito que recuerda un accidente aéreo en el 2003 donde murieron siete militares. Caminamos por sus silenciosas calles y vemos el antiguo presbiterio donde encerraron a la “desnuda” según la leyenda.
Nos refrescamos en la fuente techada. Enfrente hay un monolito de granito que conmemora a 18 muertos en la Gran Guerra y a 3 en la Segunda. Dieciocho muertos entre 1914 y 1918, para una aldea tan diminuta como esta podría suponer casi la mitad de su población. He visto monumentos parecidos en otros pueblos del Pirineo francés y me impresiona la cantidad de gente que marchó a la guerra en defensa de la patria y la libertad, mientras nosotros enredados en disputas, acabamos en el bando equivocado y matándonos entre nosotros.
En un tramo corto por carretera llegamos a Sentenac. A la salida cerramos el círculo junto a una panel con datos del sendero, también hay un gran Cristo crucificado como el de la Tour de Castélla en Tarascon, y un poste con paletas informativas de las direcciones de los senderos.
Repetimos camino de vuelta. El día está muy agradable y el sol ilumina con fuerza la nieve en las montañas. Ahora se nos hace más corto el recorrido y vamos fijándonos en otros detalles y puntos de vista distintos a los de la ida.
En Orus decidimos comer las viandas de nuestra mochila y seguir luego hasta Illier. En la replaceta elegimos un banco con un mirador incomparable a todas las montañas nevadas. La aldea vuelve a estar solitaria, quizás todos estén en sus casas comiendo.
Empezamos en sentido de la iglesia, en dirección contraria al de esta mañana; a la salida de la aldea, cerca del diminuto cementerio también hay otro Cristo de igual tamaño que los anteriores, me llama la atención lo bien cuidados que están, en España, estos símbolos estarían denostados, ¿falta de cultura?, ¿de respeto?...
El trayecto, es un mullido camino de hierba, que en un cambio de sentido nos introduce en un bonito recodo donde hay una enorme masía de dos plantas abandonada, junto a un estruendoso arroyo de bulliciosas aguas que se precipitan barranco abajo.
Nos acompañan abedules deshojados que al haber menos humedad sus troncos está netos y limpios. Unas deshilachas nubes pintan el cielo dándole más consistencia. Hacemos fotos entre las ramas de los árboles a las montañas nevadas.
Seguimos subiendo por la herbosa pista que se va convirtiendo en una especie de cortafuego para los cables de alta tensión que transportan las torres eléctricas. Alcanzamos la máxima altura del recorrido al llegar a una de ellas. Al otro lado ya vemos la aldea de Illier y más al fondo Lapège.
Comienza un descenso que poco a poco se va acentuando. Entre los abedules se van mezclando espigados robles que dejan un manto de hojarasca marrón. Posiblemente por las lluvias torrenciales y la nieve, en varios puntos, los árboles han caído y hay destrozos de ramas que cruzan el camino y dificultan el paso.
Entre los árboles vemos el fondo nevado. Viene otro rincón espectacular con un torrente desbocado que cruza ladera abajo. El pueblo nos parecía cercano, pero los trescientos metros de desnivel que hay que bajar lo alargan entre revueltas y rampas.
Ahora viene una calzada empedrada y luego un largo tramo de hojarasca donde el camino se apacigua, para entrar al pueblo por una carreterita junto a una zona recreativa por donde baja un arroyo. Nos cruzamos con una pareja algo mayor que nosotros y que emprenden el regreso.
Illier. Desde arriba parecía más grande pero, nosotros solo vemos dos calles, entre las que está la iglesia. Un hombre que sale a por leña para la chimenea, nos pregunta si venimos de Lapège. También tienen su placa de granito con los nombres de sus muertos en defensa de la patria.
Regresamos por el mismo camino y a mitad de la cuesta, entre la maraña de árboles caídos, sobrepasamos al matrimonio que habíamos visto, su paso es más reposado. En la torre eléctrica cesa la subida y hacemos las últimas fotos al bello rincón nevado.
Por la verde pista de árboles deshojados avanzamos con rapidez en esta preciosa y soleada tarde. Alcanzamos la gran casona junto al ruidoso arroyo y volvemos hacer fotos. Tomamos el recodo y enseguida tenemos a la vista la aldea de Orus que sigue en silencio.
Llegamos a Tarascon, buena ducha y descanso poniéndonos al día en nuestras redes sociales. Luego salimos a buscar sitio para cenar; mientras hacemos tiempo visitamos la antigua iglesia de Santa Quiteria y nos decidimos por el restaurante Le Vieux Carré, concurrido pero muy tranquilo.

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